Cultura de la Gran Logia

Sobre Manuel Belgrano

La herencia del pensamiento de Belgrano

No es sencillo hablar del pensamiento de Manuel Belgrano, porque a diferencia de otros hombres notables, su derrotero intelectual fue multifacético. Nos llegan como un eco, instancias claves de su vida: su participación en las Invasiones Inglesas, el Ejército del Norte, el Éxodo jujeño, la bandera, sus libros donados a su amigo Mariano Moreno, su proyecto para explotar el cáñamo, la creación de escuelas, su conflictiva paternidad y su final en la pobreza.

El pensamiento de Belgrano es una suma acciones en las que puso el cuerpo, su deteriorado cuerpo, al servicio de la acción, que para él era como debía edificarse esa abstracción que llamamos Patria. La herencia de su pensamiento es mucho más que la suma de acciones y proyectos.
Es una ética y un modelo de hombre de Estado.

Vigencias y vinculaciones de Belgrano desde la perspectiva Sarmientina

Misteriosamente, nuestro país fue cuna de hombres capaces de ver, imaginar y hacer al mismo tiempo. Ese prodigio que no se repetiría, es lo que nos permite hoy seguir discutiendo y estudiando esas ideas. Como Belgrano, Sarmiento vivió su vida como si fueran muchas. Prácticamente cualquier aspecto de esa biografía es un cosmos y un proyecto de país.

Cuando Belgrano murió, Sarmiento era un niño de nueve años. Sin embargo las continuidades en el pensamiento de los dos hombres son notables.
Explorar esos vínculos es encontrar el sentido en la historia.

Belgrano. Educar para revolucionar

Una forma de revolucionar es pensar por fuera de la época. Su plan quedó extraviado entre las efemérides castrenses y la simplificación de la narrativa escolar; en su peor sentido. En 1798, como miembro del Consulado, redactó lo que podemos considerar el primer proyecto de enseñanza estatal, gratuita y obligatoria que, previsiblemente, el Virrey no consideró viable. En pleno proceso revolucionario, Belgrano sostuvo en la edición del sábado 17 de marzo de 1810 del Correo de Comercio, “Pónganse escuelas de primeras letras costeadas de los propios y arbitrios de las Ciudades y Villas, en todas las Parroquias de sus respectivas jurisdicciones, y muy particularmente en la Campaña”, y más adelante agregó: “Obliguen los Jueces a los Padres a que manden sus hijos a la escuela, por todos los medios que la prudencia es capaz de dictar”.

En el mismo periódico, pero ya en el mes de julio de ese irrepetible año 1810, Belgrano vislumbró con absoluta claridad la necesidad de igualar los derechos de las mujeres, afirmando que “el sexo que principalmente debe estar dedicado a sembrar las primeras semillas lo tenemos condenado al imperio de las bagatelas y de la ignorancia”.
Tres años después, en 1813, la Asamblea de ese año lo premió con $40.000 por el resultado obtenido en las batallas de Salta y Tucumán. Belgrano donó el premio para la construcción de cuatro escuelas. Una fue en Tarija, que hoy es Bolivia. La última se inauguró en julio de 2004 en Jujuy.
Podemos imaginar qué hubiera opinado Belgrano de esa demora de casi doscientos años mientras desarrollaba su proyecto de “Educar para revolucionar”.

Belgrano, Martín Miguel de Güemes y la participación popular en la Independencia

Martín Miguel Juan de Mata Güemes Montero de Goyechea y la Corte y Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano pertenecieron a los sectores más acomodados de las sociedades en las que nacieron y se educaron.
Sin embargo los dos fueron capaces de entender y asumir un rol –su respectivo rol- en el proceso independentista que resultaría en Argentina.
En ese momento no existía la abstracción polisémica que llamamos “lo popular”.
Fueron contemporáneos y se conocieron.
Combatieron juntos durante las Invasiones inglesas.
Güemes, sin embargo, fue durante mucho tiempo observado con recelo por la historiografía tradicional. Quizás por su modalidad guerrillera, sostenida en gauchos y en procedimientos militares no formales, quedó señalado como caudillo, cuando con justicia le correspondía el título de General.

San Martín le confió la custodia de la frontera Norte, donde realizó nueve defensas de su provincia, Salta, que hicieron posible que los límites de nuestro país tuvieran la forma actual.
Güemes es el único general argentino caído en acción combatiendo a un enemigo exterior.
Leopoldo Lugones fue, entre otras cosas, el autor de la denominación “Guerra Gaucha”, para sintetizar en apenas dos palabras el modo y la esencia de su gesta.
Murió por una herida de bala recibida en la espalda. Tenía 36 años.
Un año y tres días antes, había muerto Belgrano.
No es posible ser más contemporáneo.

La amistad en tiempos de revolución: Belgrano y San Martín

Los creyentes en el destino manifiesto valoran el hecho de que los padres de San Martin y Belgrano seguramente se conocieran por frecuentar el Convento de Santo Domingo. Para los demás es una coincidencia. Los dos próceres son vulgarmente narrados como paralelos, sin embargo fueron simultáneos. San Martin vivió pocos años en lo que sería Argentina. Belgrano en cambio, pasó casi toda su existencia en medio del fuego de la organización. Según Mitre, que entre otras cosas fue biógrafo de los dos, su relación comenzó siendo epistolar y mediada por José Vicente Milá de la Roca, cuya historia es motivo de estudio. El epistolario tiene algo de imaginario: no se conserva la primera carta de Belgrano ni las que San Martín le escribió.

Pero las misivas de Belgrano permiten deducir el argumento del intercambio.
Belgrano y San Martín se encontraron dos veces.
El primer encuentro se lo disputan las localidades de Yatasto y Algarrobos, siendo la última la más probable, aunque no deja de ser un relato mítico.
El segundo encuentro tuvo lugar en Tucumán de forma inapelable.

Su amistad quedó, así, consagrada.
Estando en Perú, San Martín se enteró de la muerte de su amigo Belgrano. Su testimonio fue que se trató de uno de los días más tristes de su vida.
No era para menos.

Belgrano. El primer Padre de la Patria

La Patria, que según Rilke es la infancia, tiene en nuestro caso, muchos padres.
Belgrano es uno de ellos.

Es una carga intensa para la memoria del prócer y un condicionante para la figura del hombre.

Ser padre de una abstracción, o en su caso, también de una utopía no es sencillo.

Al definirlo como “primer padre” se aplaca un poco esa carga. Hubo posteriores, otros padres de otras Patrias que sin embargo son la misma.La Patria de la educación, la de la mujer, la de la unidad nacional, la de la identidad cultural, etc.

Acaso uno de los méritos más notables de Belgrano fue el haberlas prefigurado a todas.

El contexto social y cultural de Belgrano

Pensar a Belgrano es también pensar su época.

“Le tocaron, como a todos los hombres, malos tiempos en que vivir” decía Borges en 1946 en referencia a su pariente Lafinur.

La cita, sin embargo, es universal.
Belgrano conoció Europa donde se educó, y ese privilegio que sigue vigente, fue el que le señaló el camino de lo que estaba por venir.

Él lo emprendió pudiendo haber optado por la serenidad del confort, o quizás, la elegante indiferencia.

A cambio prefirió hablar del poder transformador de la educación, de la igualdad de las mujeres y convertirse en General, algo no menos hipotético que viajar al espacio.

De alguna manera, podemos pensar que Belgrano fue todos los hombres de su época.

Masonería y sociedades secretas en tiempo de Belgrano

El vínculo entre la Masonería y los procesos emancipadores de América es casi arquetípico.
Con matices, entonaciones y detalles secretos y a veces asombrosos, la historiografía en todas sus versiones recorre ese vínculo, y ubica en ese viaje, nombres, lugares, fechas, conjuras y personas.

Después sobreviene la literatura y todo tiene principio y fin, pero muchas veces se pierden los motivos, las causas y las verdades.

Desde la muerte de Belgrano en 1820 a la creación de la primera Gran Logia de Argentina presidida por Roque Pérez pasaron treinta y siete años, que en términos de historia es un suspiro.

Antes, durante y después los acontecimientos revolucionaron esa realidad a la que todos aspiraron siempre, y en todo momento la Masonería estuvo presente por medio de sus hombres, como Belgrano.

Belgrano 2020: Miradas y significados para pensar el presente

El paso del tiempo reduce los acontecimientos a palabras.
Esa forma de generalización es la que, resignadamente, nos permite recordar. Palabras a favor o en contra que muchas veces enfatizan aspectos secundarios pero atractivos de aquellos que nos precedieron.

Lo que la memoria y la historia hacen con los próceres es un gran ejemplo.
Las batallas, los vivas y mueras, el coraje, la visión, la generosidad o el coraje se diluyen inevitablemente.

¿Cómo sería hoy arrasar una ciudad para no entregarla? ¿Cómo se percibe la donación de un premio para fundar cuatro escuelas?

Las preguntas son infinitas cuando queremos comparar la escala de lo hecho y lo por hacer, cuando no existían la electricidad, el agua corriente y los antibióticos, y cuando por otro lado, hay aviones con todo lo que significa volar, entre otras cosas. Pensar el presente con los ojos de Belgrano no es un ejercicio contrafáctico; es un desafío a la imaginación.

Belgrano, su vida masónica y la Independencia Americana

Todos los hombres tienen varias vidas: personal, laboral, amorosa, secreta y soñada.

En el caso de los próceres se tiende a verlos como figuras planas y monocromáticas, incapaces de asumir la existencia por afuera de la misión que los elevó al Olimpo historiográfico.

Belgrano fue también padre, como Sarmiento fue amante.

La vida masónica de Belgrano es compleja. Aparecen la Logia Independencia, la Jabonería de Vieytes, la Sociedad de los 7 y otras organizaciones de las que fue parte y que, de distinta manera, fueron indispensables a la hora de gestar sus proyectos.
La vida masónica de los próceres espera su turno para ser contada a la sociedad que pertenecen.